A los 16 años encontré unos apuntes de psicología que formaban parte de un curso que estaba haciendo mi madre. Los leí y algo encajó.
Desde entonces, la necesidad de comprender qué hay detrás de las cosas —de las personas, de mí misma, de lo que ocurre a nuestro alrededor— ha sido una constante en mi forma de mirar el mundo. Durante mucho tiempo, comprender fue también una forma de orientarme y sentirme segura frente a todo aquello que no entendía.
Esa necesidad me llevó primero hacia la investigación. Me gustaban las preguntas, plantear posibles respuestas, ponerlas a prueba y obtener pequeñas pildoritas de conocimiento. Sin embargo, con el tiempo descubrí que necesitaba otra cosa: personas, con sus historias y con la necesidad de comprender qué les ocurre, por qué les ocurre y cómo puede mejorar su realidad. Necesitaba el tú a tú.
La práctica clínica me permitió encontrar ese lugar.
Con el tiempo, mi interés se ha ido concentrando especialmente en las consecuencias de las experiencias adversas, el trauma y la disociación. Me interesa comprender la complejidad de cada historia y cómo se ha ido construyendo aquello que hoy lleva a una persona a consulta.
Por eso, para mí, la terapia tiene mucho que ver con comprender. Comprender qué ocurre, de dónde viene y qué hace que siga ocurriendo. Pero comprender no siempre es suficiente: también tiene que permitir hacer algo diferente.
No creo en una única explicación para todo ni en aplicar la misma respuesta a cada proceso. Me interesa comprender qué ocurre, qué sentido tiene dentro de cada historia y qué puede ayudar en cada caso.
Lo que hago con todo lo que aprendo
En consulta intento hacer cuatro cosas: escuchar con atención, explicar cuando comprender ayuda, no precipitar respuestas cuando todavía no las hay y mantener una dirección clara cuando el proceso se vuelve difícil.
El trabajo con el trauma y la disociación ha transformado especialmente mi forma de comprender la clínica. También ha hecho que siga haciéndome preguntas, revisando lo que creo saber y buscando nuevas formas de entender aquello que ocurre.
Por eso, seguir estudiando forma parte de mi trabajo. Y también necesito enseñar y compartir aquello que aprendo. Preparar una clase me obliga a ordenar lo que sé, cuestionarlo y encontrar una forma clara de explicarlo. Para mí, enseñar también es una manera de seguir pensando.
Formación y trayectoria
Soy psicóloga general sanitaria (Colegiada Nº M-28587 por el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid) y doctora en Neurociencia Cognitiva.
Mi trayectoria comenzó en la investigación. Mi tesis doctoral estudió el reconocimiento de palabras en una segunda lengua y los efectos que una lengua ejerce sobre la otra en personas bilingües.
La investigación me enseñó a formular preguntas, contrastar hipótesis y no dar por buena una explicación simplemente porque parece tener sentido. Esa forma de pensar sigue presente en mi práctica clínica.
Con el tiempo, mi formación y mi trabajo se han orientado especialmente hacia el trauma, la disociación, el apego y la regulación emocional, incorporando herramientas como EMDR e IFS.
También imparto formación en apego.